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jueves, 6 de marzo de 2008

Primera comida con Antía fuera de casa



El día 5 de marzo Antía nos dejó por primera vez desde su nacimiento salir a comer, aunque con ella. Se portó muy bien durante la comida, y casi ni abrió los ojos, así que ya le podemos hacer un regalito.


Fuimos al restaurante Acebo de Vilagarcía, que se encuentra en la urbanización O Rial, cerca del desvío para la praia das sinas. El local es muy acogedor, decorado en madera y vidrios rojos y verdes, de aspecto muy moderno y con mucha luz. Dispone de zona de no fumadores, lo que agradecemos en un restaurante, y un aparcamiento en la misma puerta.



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En la carta nos encontramos con primeros apetitosos -a parte de los consabidos mariscos en esta zona- como los revueltos variados, y las ensaladas de perdiz escabechada y pechuga de pavo. Finalmente nos decidimos por la ensalada de cogollos con pechuga de pavo escabechada, aliñada con reducción de módena, que resultó ser una gran elección. El precio del primero de 6€ es barato para la calidad y la abundancia del plato. El otro primero que tomamos fueron las setas guisadas con piñones, que tenían el punto justo de picante para darle un toque especial. Tenía pleurotus, trompetas de la muerte y boletus, y era delicioso. Otra gran elección por sólo 6€.





En cuanto a los segundos de la carta, aparecen entre ellos el cordero lechal al horno, bien en su versión de cuarto de lechal (nuestra decisión, por 33€) pierna de cordero o chuletillas.












También nos podemos encontrar chuletón y solomillo de buey, y variedad de pescados del día.


El plato de cordero viene en cazuela de barro, con lo que mantiene bien la temperatura, y acompañado de una ensalada mixta básica. Para nuestro gusto el punto de cocción del cordero resultó desigual, y además las aprtes más gruesas del mismo estaban faltas de aderezo, apenas les había llegado la sal. De todos modos dimos buena cuenta de él, aunque hay restaurantes en Galicia que lo elaboran mejor, sin tener que ir a castilla para degustarlo.


En cuanto a la atención y servicio fueron realmente buenos, así como los tiempos de servicio y las esperas entre platos practicamente inexistentes, lo cual agradecimos sinceramente, porque no sabíamos si antía nos dejaría disfrutar de toda la comida.


En referencia a los postres, había flan casero, tarta de queso al horno, arroz con leche, leche frita, piña con salsa de aguacate y tiramisú. Nos decidimos por los dos últimos, la piña y el tiramisú. De la piña debo decir que la elaboración resultó muy simple, bien cortada en la presentación, la salsa de aguacate le aportaba un toque especial, pero resultaría mejor con más cantidad de aguacate, y me gustaría probarlo con la piña ligeramente horneada. El tiramisú no se presenta en un recipiente apropiado, por ser muy estrecho, lo que hace difícil el acceder a las diferentes capas al mismo tiempo con la cuchara. Además el sabor se reduce practicamente a la mezcla de nata y mascarpone, no le añaden yemas de huevo, y el bizcocho parece diluido en un café flojo con pocas gotas de licor, resultando demasiado amargo el bizcocho y muy dulce el mascarpone. Realmente no lo recomiendo.



En resumen, puede ser un buen restaurante a sumar a la oferta de la zona, en donde los primeros brillan a gran altura, y la elaboracón de las carnes es interesante para el precio.

La carta de vinos presenta interesantes referencias de rioja, ribera y albariño, jalonadas por detalles de otras denominaciones que pueden resultar interesantes, a precios contenidos.



domingo, 20 de enero de 2008

Maria Castaña

Ya es todo un clásico en Santiago, aunque no llegue a los años de funcionamiento de la mayor parte de los locales de la Raíña. Lo encontramos en la Rúa Raíña 19, paralela a la rúa do Franco. Tiene una barra y tres mesas a la entrada, y un comedor con 6 o 7 mesas más. Está organizado como bar de tapas, con mesas bajas y taburetes -no sea que los comensales permanezcan demasiado tiempo en el local- De las tapas y raciones con las que empezaron a mediados de los 90 (qué tiempos aquellos) a las raciones de ahora, se han ido produciendo grandes cambios. Ya no hacen la mítica tortilla María castaña, pero aún conservan las tablas de quesos variados, la zorza y otras raciones de rigor. Presentan también dos o tres postres que bien valen la pena, entre ellos los que están hechos a base de castañas, y en general la relación calidad precio está bien. El único problema suele ser encontrar mesa.
Pues bien, mi última visita -después de dos o tres intentonas fallidas los últimos meses- fue el jueves 17. Al no encontrar en la carta la tortilla de nuestros viejos tiempos sentí una gran decepción, pero algo había que hacer. Nos decantamos por los berberechos -de calidad y recién hechos-, las luras guisadas maría castaña, que aparecen en la foto. Es un plato de chipirones normalito, sin grandes alardes. La salsa de cebolla y pimientos, con sus toques de pimentón no está lo ligada que a mi me gustaría, aunque los chipirones están blandos y de sabor correcto. Pero puestos a comparar con otros locales... (hay uno al pasar Bueu que sólo hace luras guisadas, tortilla y ensaladas que merece la visita, algún día hablaremos de él)
También tomamos la carne de avestruz con salsa de piquillos. De los trozos de carne que nos pusieron uno estaba en su punto, y los otros excesivamente pasados. Se supone que una carne roja debe estar como mucho al punto, o por lo menos preguntar al cliente cómo se quiere. La salsa de piquillos bien de sabor, pero la textura resultaría más agradable si la hubiesen dejado más fina.
Y con esto para dos no llegamos a los postres. Así que por un total de 30€ con dos cervezas y dos aguas, y un pan por cierto muy rico, nos fuimos con la música a otra parte, que el viernes había que trabajar.

viernes, 18 de enero de 2008

En A Estrada: La Farola


Uno de los emblemáticos de A Estrada, situado en la plaza más céntrica de la villa.
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Hacía ya algunos años que no me pasaba por allí, pero con motivo de las clases por la tarde de Isabbel nos quedamos a comer allí un par de días. El local tiene un aire "rancio" por lo antiguo, pero no se puede poner ninguna pega a la limpieza. Dispone a de comedor de no fumadores, aunque la práctica totalidad de los clientes habituales prefieren para acomer el comedor de toda la vida. Todos los días disponen de un menú que van variando, al módico precio de 7,5€ por persona. Parece mentira que aún se pueda comer a ese precio con la carestía de la vida. En fin. Di el día 8 de enero decidimos comer a la carta: pimientos de piquillos rellenos -realmente no se sabía muy bien de qué estaban rellenos, a no ser de bechamel- y salmón guisado. En este caso el salmón estaba realmente bien, con almejas, berberechos y verduras. De postre me decanté por la tarta de dos chocolates, que estaba realmente buena. De precio no llegó a 30€ con café y bebidas -cerveza y agua-, con unos primeros en carta entre 3 y 7€ y unos segundos entre 6 y 10€. Realmente barato.
Este último martes nos decantamos por el menú. Isabel escogió la ensalada mixta -correcta- y yo por el caldo. En los segundos yo escogí la richada -carne de cerdo guisada con cebolla, pimentón y acompañada de patatas, que estaba bastante lograda, mientras que Isabel se decantó por el cordon bleu de cerdo, que estaba en su punto de cocción, y nada aceitoso. De postre fruta y/o yogur. Total por 15€. No creo que se pueda pedir más.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Restaurante Don Quijote - Santiago-

Creo que fue mi tercera visita al restaurante Don Quijote ubicado en la calle Galeras de Santiago, a un par de portales de otro restaurante interesante que se llama Mercaito.

En esta visita fuimos a celebrar... la comida de "hay que probar la caza", o algo así, a primeros del mes de diciembre. Como ya íbamos con la idea prefijada no nos perdimos demasiado en florituras, a parte de que la caza debíamos reservarla por anticipado. De primero unos tomaron sopa de pescado, todo un clásico, y otros compartimos el revuelto de gambas y setas, de buena elaboración.
Ya de segundo, las mujeres se decantaron por una merluza a la vasca. Un buen producto con un tratamiento clásico en el que no se corren riesgos. El punto de cocción era bueno, y la presencia del plato correcta, siendo al mismo tiempo una ración abundante.
Yo me decanté por una perdiz a la cazadora, con acompañamiento de patata guisada. El plato resulta sabroso, con buen punto para la carne, aunque el acompañamiento resultó demasiado cocinado y sin ningún toque innovador. Hubiera preferido algún toque especial en este acompañamiento, pero es lo que había.
El otro plato de caza que probamos fue el jabalí con castañas. En este caso el acompañamiento resultaba mucho más adecuado al plato de caza, aunque el jabalí estaba un poco seco, quizás por haberse pasado de punto de cocción, o por la pieza misma. Teniendo en cuenta el precio de los platos de caza (por encima de 20€ cada uno) esperaba más de los mismos. Se pueden probar platos de caza de similar resultado por mucho menor precio en el restaurante Bocalino, en república argentina, que ya comentaremos en otra ocasión.
El postre que escogimos fueron las filloas al grand marnier, rellenas de crema. Me parece un clásico de buena elaboración y que finaliza correctamente una comida de caza.
En cuanto al vino, no disponían de la primera referencia que pedimos, de somontano, así que finalmente nos decantamos por un clásico de rioja.

En resumen, sobre 35€ por persona para una comida desigual, con platos para mi gusto ligeramente sobrevalorados.